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dilluns, 17 de desembre del 2018

Un Premi Nobel molt ben guanyat


El ginecólogo congoleño Denis Mukwege ha recibido un Premio Nobel de la Paz 2018 enormemente merecido.

La región del este de la República Democrática del Congo tiene un buen número de ricas minas, de diamantes, de coltán (material necesario para los teléfonos móviles), y otros metales. Esta riqueza se ha convertido en una maldición. Un elevado número de grupos armados se disputan de manera cruenta los beneficios de estas minas, de manera que la zona es un territorio incontrolable por parte del Gobierno central, por otra parte bien poco útil.

La peor estrategia usada en esta maldita guerra, que dura desde hace más de 20 años, un día teóricamente terminada, pero que ha continuado en la práctica, es el ataque y la violación sistemática de mujeres y niñas del territorio del bando contrario. Porque, increíblemente, en aquella sociedad, una mujer violada es rechazada por la propia familia, sobre todo si es soltera, puesto que se cree que ya no sirve para ofrecerla a nadie en las debidas condiciones. Ello rompe las familias y la misma sociedad, que es lo que se busca por parte del bando enemigo. Como se puede temer, el bando perjudicado hace lo mismo a la inversa.

Lo anterior, con ser tan horrible, no es todavía lo peor. El odio y la maldad son tan grandes que, muchas veces, la violación no es corporal, sino que se produce con cuchillos y armas cortantes, para destruir más.

Desde hace muchos años, el doctor Mukwege, en el hospital de Panzi, en la ciudad de Bukavu, se dedica totalmente y gratuitamente a la reconstrucción ginecológica de órganos sexuales de mujeres y niñas. Con una guerra que, ante el desinterés del mundo, se alarga de 20 años... el doctor y sus colaboradores han atendido y sanado a más de 40.000 mujeres y niñas de desgarros genitales.

Como quiera que Mukwege no se limita curar, sino que denuncia a los grupos y autoridades culpables del horroroso desmán, está amenazado de muerte y ha sufrido varios intentos de asesinato. Años atrás se dirigía de su casa al hospital protegido por una escolta de soldados de la ONU. Ahora, simplemente, vive dentro del hospital, igualmente protegido, salvo cuando viaja por el mundo denunciando los crímenes de su país. Este es, hoy día, el mayor horror que se da en el mundo, pero la Caverna mediática guarda silencio.

He aquí un Nobel muy bien ganado.

(Información procedente de la revista Mundo Negro, de un grupo misionero)